martes, 19 de marzo de 2019

"Some Stupid With A Flare Gun Burned The Place To The Ground"



En su autobiografía de 1989 (The Real Frank Zappa Book), Zappa cuenta el famoso incendio de 1971 en Suiza. Lo traslado solo porque me asombró las similitudes con Cromagnón, exceptuando la cantidad de muertos.


Excepto por ese episodio, la gira europea del invierno de 1971 fue, con diferencia, la más desastrosa. El 4 de diciembre estábamos actuando en el Casino de Montreux, en Ginebra (Suiza), junto al lago (frente a la calle Igor Stravinsky), una sala conocida por sus festivales de jazz.

   En mitad del solo de Don Preston con el sintetizador en “King Kong”, de repente se declaró un incendio. Alguien del público llevaba un cohete o una bengala que había disparado al techo provocando que ardiera el material de fibra que lo cubría (otras versiones señalan que el incendio se debió a que la instalación eléctrica eradefectuosa). Allí dentro había apiñados entre dos mil quinientos y tres mil jóvenes, muy por encima de la capacidad de la sala.

   Como afuera había más gente que intentaba entrar, los organizadores, muy inteligentes ellos, habían cerrado con cadenas las puertas de salida. Cuando empezó a arder todo, el público tenía dos vías para salir: por la entrada principal, que era bastante pequeña, o por una ventana con una lámina de cristal situada a un lado del escenario.

   Dije por el micro algo así como: “Por favor, con calma. Tenemos que salir de aquí. Hay un incendio, ¿qué les parece si nos vamos todos?”. Les sorprendería ver lo bien que te entiende la gente que sólo habla francés cuando es cuestión de vida o muerte. Empezaron a desfilar hacia afuera por la puerta principal.

   Como la sala se estaba llenando de humo, uno de nuestros road mánagers rompió una ventana grande con una caja de nuestro equipo. Todos empezamos a ayudar al público a escapar por esa ventana que daba a una especie de jardín. El grupo escapó por un túnel subterráneo que comunicaba la parte trasera del escenario con el estacionamiento.

   Minutos más tarde explotó el sistema de calefacción del edificio y algunas personas salieron volando por la ventana. Por suerte no hubo pérdidas que lamentar y sólo algunos heridos leves. Sin embargo, se derrumbó el edificio entero, que estaba valorado en unos trece millones de dólares, y perdimos todo nuestro equipo.

   Estábamos en medio de una gira con todas las entradas agotadas y con diez conciertos más por dar. Cuando volvimos al hotel, la mayor parte del grupo votó a favor de seguir con la gira, o al menos intentarlo. El problema era que, aunque tampoco teníamos el equipo más grande del mundo, sí llevábamos algunos instrumentos especiales, como un piano Fender Rhodes personalizado y un sintetizador especial que no se podía conseguir en ninguna tienda de Suiza. Yo me había quedado sin guitarra. Nos quedamos sin el juego de luces del escenario y sin equipo de megafonía.

Unos días después, en Londres, se caería en la fosa de un teatro como Sergio Denis:

Los músicos creyeron que me había muerto. Había tenido una caída de más de cuatro metros al suelo de hormigón del foso de la orquesta. Tenía la cabeza apoyada sobre el hombro, con el cuello torcido como si se hubiera roto. Tenía un corte profundo en la barbilla, una brecha en la parte posterior de la cabeza, una costilla rota y una pierna fracturada. También se me había quedado paralizado un brazo.




No hay comentarios.: