domingo, 3 de febrero de 2019

La Chica Perfecta Se Entera Que Tiene Depresion



El libro "Hippie" de Paulo Coelho, cuenta una historia real de cuando Paulo tenía 23 años e hizo un viaje desde Amsterdam hasta Katmandú en un colectivo lleno de hippies.

En esta parte se transcribe el recuerdo de una de las viajeras, una holandesa, unos años antes, cuando le confirmaron que tenía depresión. 


Pero las circunstancias no le permitían acercarse más ni a él, ni a nadie. Tal vez porque no tenía mucha paciencia con la gente, tal vez porque los demás tampoco colaboraban mucho ni intentaban aceptarla tal como era; lo primero que hacían era alejarse, incapaces de esforzarse un poco para romper el muro de hielo detrás del cual se escondía. 
 
Aún podía amar, sin esperar recompensas, cambios ni agradecimientos.

Había amado muchas veces en su vida. Cuando pasaba, la energía del amor transformaba el universo a su alrededor. Cuando esa energía aparece, siempre realiza su trabajo, pero con ella era diferente, no era capaz de amar durante mucho tiempo. 

Quería ser un jarrón en el que el gran Amor depositase sus flores y sus frutos. Donde el agua viva los conservase como si estuviesen recién cogidos, listos para ser entregados al que tenga coraje —eso, la palabra era coraje— para aceptarlos. Pero nunca llegaba nadie; mejor dicho, la gente llegaba pero se iba asustada, porque no era un jarrón, era una tempestad con rayos, viento y truenos, una fuerza de la naturaleza que no podía domarse nunca, sólo dirigirla para mover molinos, iluminar ciudades, esparcir asombro.

Quería que pudiesen ver la belleza, pero sólo veían el huracán y nunca intentaban guarecerse de él. Preferían huir a un lugar seguro.


(...)

Era buenísima en los estudios, era magnífica en el deporte, era la más guapa de sus compañeras de clase (y lo sabía), nunca le había costado conseguir novio; aun así, lo que más le gustaba era estar sola.


(...)

Sus amigas del colegio la envidiaban por su facilidad para comunicarse con los chicos, los amigos de la universidad la admiraban por su independencia y porque sabía exactamente lo que quería, sus compañeros de trabajo se quedaban siempre maravillados y sorprendidos por  su  creatividad... En  fin,  era  una  mujer  perfecta,  la reina de la montaña, la leona de la selva, la salvadora de las almas errantes. Recibía propuestas de matrimonio desde los dieciocho años, de todo tipo de personas, pero sobre todo de hombres ricos, que añadían a la propuesta una serie de beneficios colaterales, como agasajarla con joyas 

(...)

Hasta que uno de ellos, al tercer día de relación, mientras desayunaban en la cama de un hotel caro de París, adonde habían ido para asistir al lanzamiento de un libro (nadie rechaza un viaje a París, era uno de sus lemas), dijo algo que jamás podría olvidar:


—Tienes depresión.

Ella se rio. Apenas se conocían, habían ido a un excelente restaurante, bebido el mejor vino y el mejor champán, ¿y el tipo ya le estaba soltando aquello?


—No te rías. Tienes depresión. O ansiedad. O las dos cosas. Pero el hecho es que, con la edad, te llevará hacia un camino sin retorno; es mejor empezar a aceptarlo ahora.

Sintió ganas de decirle lo privilegiada que era, que tenía una familia excelente, un trabajo que le gustaba y la admiración de los demás, pero otras palabras salieron de su boca:
 —¿Por qué lo dices?

Sentía desprecio por el comentario. El hombre, cuyo nombre trató de olvidar aquella misma tarde, dijo que no quería hablar del asunto porque era psiquiatra profesional y no estaba allí como tal.
 Pero ella insistió. Tal vez él sí quería hablar, porque en ese momento, según la impresión de Karla, debía de estar soñando con pasar el resto de su vida con ella.

(...)

—Y ¿por qué tendría depresión?

—Porque aún no has amado de verdad sería una de las respuestas. Pero en este momento esta respuesta ya no sirve, porque conozco a mucha gente deprimida que me busca precisamente debido a, digamos, un exceso de amor, de entrega. En realidad, creo, y no debería decirte esto, que tienes depresión por alguna causa física. Por la falta de determinada sustancia en tu organismo. Puede ser serotonina, o dopamina, pero en tu caso, seguramente no es por falta de noradrenalina.


- Entonces ¿la depresión era algo químico?


— Por supuesto que no. Influyen infinidad de factores, pero ¿podemos vestirnos y salir a pasear a orillas del Sena?

—Sí. Pero antes acaba el razonamiento: ¿qué factores?

—Has dicho que el amor se puede vivir en soledad; sin duda alguna, pero sólo la gente que decide dedicar su vida a Dios o al prójimo puede. Los santos. Los visionarios. Los revolucionarios. En este caso me refiero a un amor más humano que sólo se revela cuando estamos cerca de la persona amada. Que provoca un inmenso sufrimiento si no se puede expresar o el objeto de su deseo no repara en ella. Estoy seguro de que tienes depresión porque nunca estás realmente presente; tus ojos van de un lugar a otro, no tienen luz, sino aburrimiento. La noche de los autógrafos vi que hacías un esfuerzo sobrehumano para relacionarte y charlar con la gente; debían de parecerte todos aburridos, inferiores, repetitivos.
 

1 comentario:

Frodo dijo...

Brindo por tu vuelta a estos pagos
Acerca de viaje a Katmandú, no se si me gusta más la canción de Pappo o la de Skay.

Abrazo!